De esto que te vas de Erasmus

 

Un día estás tranquilamente en tu casa, y recibes una carta que te dice que adelante, que te vas, que te han concedido la plaza, y que el próximo año va a ser completamente distinto a todo a lo que estás ahora acostumbrada. Bueno, eso no te lo dicen, pero es lo primero que se te cruza por la cabeza. Eso y, MADRE MÍA.  Así que tú se lo cuentas a todo el mundo, a tus padres, a tus amigos, y todo son enhorabuenas y exclamaciones. Y tú sigues ahí, mirando a la carta. Pensando… MADRE MÍA.

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Lo primero que haces es meterte en Google y asegurarte de que el lugar donde te han dado la plaza está bien. Si es una gran ciudad, qué tal está la universidad, si está muy lejos del centro, qué tal la fiesta, qué tal la gente. Y había algo más que no logro recordar… ¡ah, sí! Y qué tal las asignaturas, claro.

Así que pasan unos días, puede que hasta unas semanas, y tu correo electrónico está más ocupado que el Papa, y todo es papeleo. Imprime esto, rellena aquello, firma lo otro. En tu escritorio hay una pila de papeles que nada tiene que envidiar a la Torre de Pisa. Pero bueno, que agobiarse no sirve de nada, así que tú te lo tomas con calma. Además, que hay una reunión en la universidad donde te van a explicar todo, y todos tus problemas se van a solucionar, todo van a ser risas y lágrimas de alegría. O NO.

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Total, que vas a la reunión en cuestión. Que, por cierto, no sabes cómo lo han hecho pero es el día y la hora que peor te viene de toda la semana. ¡Qué digo de toda la semana! ¡De todo el mes! Y te sientas allí, con un boli y unos postits, pensando… vah, vengo súper preparada, a partir de hoy mi vida va a dar un vuelco. Y te giras, y ves a toda esa gente en tu misma situación, algunos incluso con cuaderno. Ni que nos fueran a dar los apuntes de todo un año. PUES CASI. Tú ves cómo se te van acabando las hojas, y todo son flechas, y palabras en los márgenes, y borrones, y los jeroglíficos egipcios te parecen más fáciles de entender. A ver, que no se me olvide, este papel antes de ir, esto lo entregas en la Unidad Administrativa, esto lo envías por correo ordinario, esto que lo firme la coordinadora. ¿Lo tienes claro? Pues se te acaba olvidando. Y, además, la persona que te da la charla en la reunión derrocha amabilidad por todos los poros, y te anima a preguntar, y cuando te contesta decides no volver a preguntarla a no ser que sea una cuestión de vida o muerte. Y sales de la reunión como si fueras a la guerra.

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Pasan los días, y cada vez tienes menos tiempo para solucionarlo todo. Recorres media ciudad llevando papeles, y llamas tanto por teléfono que pareces del 1004. Hasta que llega un día en el que parece y, repito, parece que todo se ha solucionado. ¡BIEN! Lo marcas en el calendario bien rojo y decides que, a partir de entonces, celebrarás ese día como si fuera fiesta nacional. Y según va pasando el tiempo decides ser un poco precavida y empezar a mirar aviones, residencias, el idioma… EL IDIOMA.

En mi caso, italiano. Chupado. Ciao, buongiorno, pizza. Vamos, lo típico. Pero aun así te recomiendan tener un conocimiento del lenguaje como para desenvolverte sin problemas. Así que miras en Internet algún profesor particular, una academia, nada. Que este año la beca Erasmus es de risa y tengo que ahorrar. No puedo permitírmelo. ¡Pues un curso online! Fácil y barato. Miras un poco por Internet, hay un montón, sin problemas. Escoges el primero, introduces todos tus datos durante una hora, ¡y empiezan las clases! Y ese día, que estás tú tan animada y con ganas de comerte el mundo, te aprendes la primera lección en 15 minutos. Y cuando llegas a la segunda lección te piden que te hagas una cuenta “Premium”. ¡¿QUÉ?! Sólo puedes aprender cinco palabras de vocabulario si no pagas 15€ al mes. Y te das cuenta de que eres la persona más rácana del mundo, pero es que te han engañado, te han dicho que era gratis. Con el corazón roto decides darte de baja en esa página web y entrar en otra. Resulta que ya tienes 30 emails de publicidad, ¡en los 15 minutos que has tardado en aprender una lección! Esto te pasa en las próximas 10 páginas de idiomas en las que te registras. Y finalmente llega el momento, en el que encuentras una en la que parece que todos los contenidos están disponibles, ¡por fin! Y ese es otro día que también marcas en el calendario.

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El tiempo va pasando, y estás a un mes de irte. Sabes decir qué hora es en italiano. Has encontrado un vuelo barato (un riñón). Y crees que vas a saber llegar al aeropuerto para aterrizar en otra ciudad y allí coger un autobús hasta el centro, donde coges un tren hasta otro pueblo, y allí coges otro autobús para la residencia. Y sino en tu libreta tienes apuntados todos los números y direcciones de tu universidad, de la residencia, del coordinador, de tus compañeros, de tu familia, de la compañía de trenes, de autobuses. Y aun así. TE PIERDES.

Pero bueno, es lo que tiene irte de Erasmus. Y pensar que aún quedan otros 9 meses de desgracias. Y de alegrías, de anécdotas, de historias, de sorpresas.

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