Turn on the tv

Todos sabemos que los títulos en inglés llaman más la atención.

Un señor con traje y corbata, elegante, aparece en la televisión. Es bastante común verlo en esa caja tonta, a la que pertenece, en la que se siente seguro, confortable. Él es más de sonreírnos a través de la pantalla. Nosotros somos más de verlo en persona. Podemos soltarle por las calles de los barrios más pobres de esta pobre sociedad, o podemos soltarle un tortazo. Un tortazo a tiempo es una victoria.

He cambiado de canal. Un grupo de personas discutían acerca de la vida de otra. Opinaban sobre si la estaba viviendo bien. Nadie hablaba de la suya propia. De vez en cuando subían el tono de voz. De fondo, una música con tambores o trompetas. No estando segura de a dónde iba a llegar ese programa, ni de si estaba yo capacitada para juzgar la vida de nadie, cambié de canal.

Otro grupo de personas, esta vez con menos años y con más silicona, aparecían bebiendo y bailando en una discoteca. Al parecer se llevan todos muy bien, hasta puntos sorprendentes. Las cámaras nocturnas en una habitación pueden dar mucho de sí. Viven todos en una casa, y aportan grandes valores a sus espectadores. Acerca del trabajo y del estudio. Bueno, no. Pero la forma en que se tiran borrachos al suelo no debería pasar de inadvertida.

A punto de apagar la televisión, me rindo a una incoherente carga de optimismo y cambio de canal. Una cámara enfoca de cerca la cara de un joven. En un principio sólo puedo ver sus ojos entrecerrados y la gomina chorreando por su frente. Después, con un lento pero elegante zoom out, podemos apreciar el vaso de cachi en su mano y el tatuaje del dragón en su brazo. Si ya el primer hombre trajeado del que hablaba antes decía incoherencias, este joven bien podría ser familiar suyo. Después bailaba en medio de lo que parecía una plaza, atestada de jóvenes que saludaban de fondo y saludaban a sus primos.

Un segundo antes de presionar el botón de apagado, la emisión del “documental” anterior acerca de la fauna nocturna en un botellódromo de Madrid es interrumpida por una noticia de última hora. Un atentado de Nueva York, Estados Unidos. Tres heridos. Vaya, no se han dado cuenta de que en Egipto, en Siria, en El Líbano, y unos cuantos países más, de esos en los que la gente no va vestida de marca ni se hacen series sobre jóvenes preocupados por su peso, está muriendo gente a cada minuto que pasa. Que despiste. Cómo pueden no llevar ropa de marca.

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