Curarse las penas

Hoy es un día de esos. Estás triste, deprimida. Suspiras, miras un punto fijo sin hacer nada, durante minutos, horas. Sea cual sea el problema que tienes, todo lo que te sucede sólo hace que el día empeore.

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Aquellos días en los que eres feliz no importa perdr el autobús, que llueva, que un coche pase a tu lado y te empape camino a una entrevista de trabajo, que no puedas entrar en clase por llegar tarde, … No importa, porque eres feliz. Pero, ¿en un día triste? Te sientes la persona más desgraciada del universo y piensas “todo me pasa a mí”.

Entonces, continuando con esos días melancólicos, ¿qué haces? Te metes en la cama, te tapas con las sábanas hasta la cabeza. Las cortinas cerradas, a no ser que llueva y el cielo esté completamente gris (en ese caso está permitido dejarlas abiertas). Te pones los cascos y buscas en tu reproductor de música las canciones más corta-venas que encuentras. Incluso algunos tienen su propia lista de reproducción de Alex Ubago para ocasiones especiales (escalofríos).

Cambias tu foto de perfil por un fondo negro. Y a riesgo de parecer que te has decidido por un estilo más emo, cambias también tu estado. dejas caer alguna frase del tipo “.”. Currado lo del punto. Y además, ahora Facebook te echa una mano porque te ayuda a expresar cómo te sientes, con iconos incluidos. Hay uno que es “me siento pesarosa”. Gracias Facebook.

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¿Y todo esto para qué? Para que tu vecino de enfrente (que te saluda de fiesta con varios cubatas encima, pero en el supermercado te gira la cara) te pregunte “qué te ha pasado”. Y tú vas y te haces la interesante y le dices “nada” (tan currado como lo del punto). En ese momento, o te insiste muy interesado por tus problemas o te dice “bueno, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea”. Vale, PUES EMPIEZA POR SALUDARME EN EL SUPERMERCADO.

Venga ya, qué es eso de sumarse en nuestra melancolía, ojalá…ojalá… OJALA QUÉ. Levántate de la cama. Que ver el vaso medio vacío no sirve para nada. Las penas se curan en el café de la esquina, con un chocolate en la mano y un amigo o amiga que esté dispuesto a perder la tarde entre sonrisas. Se curan al sol, con un libro en la mano y “You always make me smille” de fondo. Y si llueve, pues cantando bajo la lluvia. Se curan de fiesta, con esos amigos que van a dedicarte la canción más cutre que se les pase por la cabeza, van a subir contigo a la plataforma, y van a darlo todo, a tirarse a cuerpo muerto. Se curan de cena con quien más te apetezca, y acabar jugando al sing star o al chinchón, que más da. Pero ya valió con ese masoquismo del malo. Qué vida sólo hay una y no podemos vivirla llorando.

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No os diré la frase esa cursi que se mueve por las redes sociales sobre que no podrás ver no sé qué estrellas si lloras, o algo así. Pero es que estar triste todo el rato es un auténtico aburrimiento. No busques en Internet conjuros para quitar tu mal de ojo, no hay ningún tuerto que te mire, eres tú el que está ciego.

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