Todas las primeras veces

Lo sé, has sido ridículo. Lo tenías todo pensado, lo habías imaginado cientos de veces, pero como bien se dice, lo mejor es dejarse a la improvisación. Y es por eso que ella se ha quedado mirándote con los ojos muy abiertos y sonrisa forzada, porque has hecho el ridículo. Y es por eso, que mientras tú piensas que él está guardando tu móvil, está escribiendo un “no coger”.

Intentar caer bien a alguien que te gusta es un asco. Tienes la presión de que NECESITAS caer bien a esa persona, y es por eso que todo lo que haces es amable y encantador, y difuminas la raya entre tú queriendo ser su amigo y ser vendedor de biblias puerta por puerta. Y empiezas a dar miedo.

Muchos intentan hacerse los simpáticos, los chulos, los listos, pero sin duda, la peor opción es hacerse el gracioso. Porque cuanto más lo intentas, peor te sale. ¿La ventaja? Si ella también se ríe es que le gustas. O que se ha escapado de un psiquiátrico. Piénsalo.

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Informarte de sus gustos es esencial. Sus gustos sobre música, por dónde le gusta salir, su estilo de ropa. Y cuando comiences una conversación con esa persona vas tanteando. No puedes soltar un comentario fascinada sobre la próxima temporada Juego de Tronos, porque eso es una bomba. Hay que ir poco a poco y, si es él quien te suelta que se ha visto tres veces todas las temporadas de Gossyp Girl y se sabe los diálogos, ambas sabemos que algo va mal.

El caso es que llega el momento, no un momento cualquier, sino EL MOMENTO en el que os encontráis solos. Tal vez habéis quedado o tú la has seguido hasta su casa y has fingido que pasabas por allí casualmente, y ha accedido a tomar algo. Y a ti te sudan las manos porque no contabas con ello, ya sabes. Lo típico, no me interesa, ella verá que hace, si no quiere quedar me da igual, pero cuando oyes su “sí, quiero tomar algo” sabes que le debes algo al karma.

Así que allí os encontráis, cara a cara, y tú te preguntas por qué dar tanta importancia a quedar pudiendo hablar por whassapp… no sé, ¿toda la vida? Pero ya sabes machote, que tu brazo derecho no aguantará tanto, y que tienes ese corazoncito, que necesita algo más que los caldos de tu madre los domingos de resaca. Y empezáis a hablar de tonterías, si eso sucede, vais bien. Si empezáis a hablar como en una entrevista de trabajo o, mucho peor, si él es mucho más guapo los sábados por la noche y ahora así, de cerca… ,que si la cosa empieza así, recuerda: lo que mal empieza bien acaba, dale una oportunidad. Total, siempre puedes hablarle de un exnovio ex presidiario que te acosa. Recuerda, nadie quiere meterse ahí.

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Y, ¿quién sabe? Quizás le guste tus meteduras de pata, o el color rojo intenso que tiene tu cara cada vez que le haces una pregunta. Quizás tengáis mucho en común o no tengáis nada, y eso sea suficiente para… no sé, ¿todo? A lo mejor tiene tatuada la cara de Jon Snow en el brazo, o la de Blair Waldorf, y eso a ti te vuelve loca/o. A lo mejor te enteras que tiene esos apuntes que necesitabas, que ella juega al fútbol mejor que tú, que a él le gusta bailar merengue los sábados, o a lo mejor es más de comérselos. Y todo ese ridículo, todas esas frases que recuerdas en casa y te preguntas una y otra vez: POR QUÉ, se quedan en una bonita anécdota años después. Cuando ella se acuerda del color de tu cara esa primera vez cada vez que ve un tomate.

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