Historia de Agosto: “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”

Mi historia es como la de muchas otras personas, un día tocas fondo y te pones a correr, no sabes muy bien por qué pero corres. Lo haces sin pensar, quizá lo haces por eso, para no pensar. El primer día apenas alcanzas unos metros, pero sigues intentándolo. Un día y otro, como si corriendo los problemas te resbalaran por la piel junto con el sudor. Y lloras y corres. Sientes rabia, felicidad y corres. Y llega el día que te crees con licencia o con necesidad de ponerte un reto, que correr no sea solo escapar.

huir

Aún recuerdo ese día, 31 de agosto de 2013, un día cualquiera para el resto del mundo pero no para mí. Como todas las grandes cosas, empezó por algo pequeño y las casualidades fueron haciéndolo grande, muy grande. No sé muy bien por qué o más bien cómo, pero terminé inscrito a una maratón: 42km por montaña con +1800 metros el 19 de Octubre. Recuerdo la emoción nada más pulsar el clic de confirmación, seguido del miedo cuando creí ser consciente de dónde me había metido. Ya estaba hecho, ahora ya tenía mi meta y no podía fallar. Ahora correr iba a pasar de ser una vía para escapar a ser una vía para encontrarme, para perseguir un sueño, o quizá una locura pero al fin y al cabo, ahora corría por algo, corría por mí.

Esa noche no puedo olvidar la cara de mi padre cuando, con la ilusión de un niño, le conté mi plan. En su cara se podía ver que se me había ido de las manos Al día siguiente me apunté al gimnasio, tenía un mes y medio para perder peso y conseguir mi objetivo. Pues allí estaba el gordito con 117kg explicándole al monitor “el plan”: ser finisher de una maratón de montaña. Podéis imaginaros la cara del tipo cuando lo siguiente que dije fue que solo tenía mes y medio para hacerlo. Es aquí cuando aprendí sin darme cuenta la primera lección del camino: “Nada sobre esta tierra puede detener al hombre con la correcta actitud mental para afrontar su vida”, Thomas Jefferson. Lo siguiente que escuché fue “bueno si no lo terminas por lo menos lo habrás intentado”. Aquí aprendí la segunda lección: “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”. Fue el mes y medio más duro hasta la fecha, duros entrenamientos y estricta dieta.

correr running

Y por fin llega el día de la carrera, conseguí perder 7kg en el proceso. Desayunando aquella mañana con los ojos brillantes por la emoción y el miedo tenía una sola imagen en mi cabeza: cruzar esa meta cueste lo que cueste. En la línea de salida, mi padre miraba al resto de participantes y me decía ¿estás seguro? El tiempo no acompañaba, mucha lluvia y niebla. Miraba a mi padre y podía ver la preocupación en sus ojos.

Llega la hora de la salida, abrazo a mi padre, “nos vemos en la meta” le digo. Los primeros metros siento la ilusión, pero enseguida me llevo mi dosis de realidad: empiezan las primeras cuestas, esto va a ser muy duro. El verdadero calvario comienza a partir del kilómetro 20, las piernas no van. Voy avanzando completamente solo. Llego al siguiente avituallamiento, kilómetro 28, me dicen que son unos 800m de subida y ya bajada hasta la meta, por lo que me motivo y empiezo a subir. No sabía lo que me esperaba. Corro unos 600m y veo una subida de 1km con un desnivel muy fuerte. Otro cortafuegos, con el terreno de arena muy suelta, pisabas y hundías toda la zapatilla. La lluvia empieza a ser torrencial y el viento se une. Me hundí completamente, me senté en el suelo, con la cabeza metida en la capucha del cortavientos y empecé a llorar.

Pasados unos minutos me dije que esto no podía quedar así, me acorde de una de esas frases míticas que escuchas: “puedes continuar para terminar la carrera y las piernas te dolerán por una semana o puedes renunciar y tu mente te dolerá por toda la vida”,  Mark Allen. Me levanté y pasito a pasito fui subiendo. Cuando llegué arriba recuerdo que levanté los brazos y grité con todas mis fuerzas, saqué toda la rabia contenida. Sólo me quedaban 8km y era todo bajada. Allí en el suelo había otro corredor, le di ánimos para seguir, le tendí la mano para que se levantara y empezamos a correr juntos. Es difícil explicar todas las sensaciones que me invadían en aquellos momentos, recordaba a mi abuelo que hacía unos meses se había ido, sé que el corrió a mi lado, que aquel día cruzamos la meta juntos.

Fuimos bajando el otro corredor y yo y cuando nos quedaba el último kilómetro, me dijo que siguiera, que él llegaba pero que no podía más. Le dije “te espero en la meta, no me falles”, y seguí corriendo. La gente que había por el recorrido me animaba, y a lo lejos veo a mi padre. Al verme empezó a saltar de alegría, corría a mi lado, gritándome, fue un momento increíble y por fin el arco de meta: mi primera meta. Un comienzo para algo mucho más grande. Acababa de poner en practica la lección más importante de todas “quien elige el camino del corazón no se equivoca nunca”, Popol Vuh. Había puesto mi corazón en este sueño que ya colgaba en forma de medalla de mi cuello.

Estuve esperando en la meta al corredor, que llegó a los pocos minutos, y según me vio me abrazó y me dijo” he llegado aquí gracias a ti”. Las carreras de larga distancia esconden grandes personas, es brutal la conexión que puedes llegar a tener con alguien al que no conoces de nada pero que tiene el mismo sueño que tú.

Pasados unos días, volví al gimnasio y allí estaba mi monitor. Había conseguido que se ilusionara conmigo, haciéndole partícipe de esto. Fue muy emocionante el abrazo que nos dimos.

Después de la experiencia que había vivido me sentía genial, había adoptado una nueva forma de vida y quería seguir creciendo personal, física y mentalmente. Sueños que antes parecían tan lejos, había llegado el momento de alcanzarlos. Decidí que mi próximo reto era hacer mi primer triatlón. Un año después he conseguido cumplir mi sueño: ser finisher del IRONMAN DE BARCELONA y ahora me gustaría poder ayudar y compartir mi experiencia.corredor

Piensa donde estas y hacia dónde quieres llegar, tener claro el destino es lo primero para poder recorrer el camino sin perderte. A veces el camino puede torcerse o darse la vuelta pero nunca olvides que tú eres quien dirige tu vida, y si el camino se tuerce solo tú puedes volver a coger los mandos y enderezarlo.

El protagonista de esta historia es Xtriman, Juan Miguel Herrero, que perdió 30 kilos en un año. Un ejemplo de superación personal. En colaboración con la Asociación de Autismo de Segovia 

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6 thoughts

  1. una entrada genial!! como todas las de este blog!! me encanta

    Si algún día te sobran 5 minutos te agradeceria mucho que pasases por mi blog e hicieras de “critico literario” . No llego a tu nivel pero me relajaa mucho escribir.

    un saludo!

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