Historia de Julio: “Cinta de Moebius”

Eras como mi sueño, eras perfecto, aunque ya se sabe que lo perfecto no suele ser real.

Digamos que no imaginaba encontrarte, pero aun si sucedió. Demasiada “casualidad” como para no ser el destino.

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Nunca olvidare esa primera cita, esas miradas y el olor de tu perfume que, simplemente, me sacaba de mi eje. Siempre me hizo querer abrazarte de forma frenética, pero no lo hacía, no podía dejar a la vista lo mucho que te quería, no más de lo que tú ya sabías.

Eras tan indescifrable para mí. Un día un príncipe encantador y otro una persona tan distante, que hasta parecía que te daba lastima lo que sentía por ti. Perdí la cuenta de cuántas veces desapareciste y cuantas te esperé en silencio. Mintiéndome, sintiendo que me faltaba algo, pero sin aceptar que lo que me faltaba eras tú.

Siempre prefería pensar en lo peor, porque si me permitía pensar que me querías, aunque sólo fuera un poquito, lo hubiese intentado una y otra vez. Hasta perderme a mí misma.

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Me hiciste sentir tantas cosas, erizabas mi piel y luchaba por no besarte en uno de mis impulsos de amor. Tenía pánico de perderte, de que volvieras a cambiar de opinión, pero tenerte me dolía aún más. Cuando cogía tus manos sentía como si me tocara un ángel y ese bendita mirada que me hacía sentir distinta, que me desnudaba. No negaré que la última vez que nos vimos yo ya no era la misma,  pero esa “yo” aun te quería.  Y quería que esos instantes juntos fuesen eternos. Te miraba de reojo, procurando que no te dieras cuenta, intentando memorizar cada uno de tus gestos, de tus facciones, tus preciosos ojos grandes y tus labios de miel. Porque, en secreto, no sabía si esa sería la última vez.

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Una vez avisé, te dije que me iría y me detuviste. No puedo negar que en ese momento me sentí importante para ti, sentí que sí me necesitabas, que sí me querías. Sentí esperanza y durante unos instantes, de absoluta felicidad, pensé que nuestra historia podría ser sin todas estas noches en vela. Pero, lo volviste hacer, te fuiste y ya era suficiente para mí, yo también decidí abandonar.

A veces pienso que nuestra historia es como una cinta de moebius, infinita, eterna, interminable, inmortal.

 

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