Bienvenido a la Universidad de la Tristeza

Bienvenido a la Universidad de la Tristeza, durante el tiempo que estés en ella, puedes estar todo lo triste, amargado y cabreado que quieras. Puedes suspirar,  resoplar, lloriquear, y dar discursos dramáticos sobre tu vida. Y, te prometo, que no vas a sentirte mal por ello porque, ¿adivinas qué? Es algo normal y necesario, y nos pasa a todos.

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La Universidad de la Tristeza lo que quiere enseñarte es que no tienes que estar siempre feliz y que, de hecho, es imposible, porque sin sentir tristeza no podrías sentir felicidad. Que si la vida te da limones no tienes que hacer limonada, ni tienes que tocarla el culo si te da la espalda, y mucho menos tienes que hacerte una cabaña si te da palos. Nadie quiere vivir en una puta cabaña.

Lo que sucede es que estamos un tanto presionados con disfrutar y ver lo bueno de todos los momentos que te brinda la vida. Las frases con mensajes felices están en todas partes: en tazas, en pizarras, en camisetas. No es que no quieras leerlas, es que no tienes otra opción. Están en la pared de tu bar favorito, en el perfil de Facebook de tus amigos, y además tienes tatuada una en la espalda. No disimules. También hay un montón de expertos en coaching que van a dar un nuevo rumbo a tu vida para que te centres en la cosas buenas. ¿Sabes que hay una Universidad de la Felicidad? Que, igual que esta, es necesaria, siempre y cuando no pasemos demasiado tiempo dentro.

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Y no contentos con que tengamos que buscar la felicidad, también nos han dicho que tenemos que compartirla. Así que si tienes un día de mierda, te chutas un montón de frases bonitas en Pinterest y borracha de felicidad de baja calidad y poca duración, te haces una foto para subir a Instagram. Si las caligrafías cuquis de las frases no han sido suficiente, tienes filtros con estrellas y otros trucos para dejar claro que tu vida es maravillosa. Pero te puedo asegurar, que los protagonistas de las cuentas que parecen haber sido sacados de la Casa de la Pradera, también tienen días malos.

En la Universidad de la Tristeza, lo que te aconsejamos es que no disimules, porque vas a invertir más tiempo y energía en ello, que en recuperarte. Si te apetece llorar, llora. Si te apetece estar sola, aléjate del resto del mundo. Si te apetece manta y sofá en vez de salir, quédate en casa. Y, lo sé, nadie quiere estar mal, pero no es algo que podamos decidir. A veces la vida duele. Porque sí. Y cómo jode. Tú, que tienes más de lo que podrías esperar. Con la cantidad de catástrofes que suceden en el mundo, con la cantidad de gente que tiene terribles problemas que tú, ¿cómo vas a sentirte desdichado? Pues porque tus problemas te duelen porque son tuyos. No hay otra forma.

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También hay que añadir que esto no es una puerta abierta a la negatividad, ni tienes que obcecarte con tus problemas mientras escuchas canciones de Alex Ubago, porque sí, a veces el vaso está medio lleno y… ¡vaya! He vuelto a caer en una de esas frases positivas. Es que se meten en el subconsciente. En cualquier caso, puedes refugiarte en la Universidad de la Tristeza siempre que lo necesites. Aquí nadie te juzgará ni te preguntará si estás bien porque, por tu cara, ya sabemos que estás mal y que no quieres hablar.

Bienvenido a la Universidad de la Tristeza, porque si te caes tienes que levantarte, pero puedes quedarte un rato sentado a tomar aliento.

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15 thoughts

  1. En serio, no puedes tener mas razon. La gente piensa que si llora son debiles, que los hombres no pueden llorar y que cuando estas triste tienes que hacer lo imposible por estar feliz. Pues yo me declaro dentro de la universidad de la tristeza, en voz alta, durante el tiempo que tenga que durar

  2. Un texto muy profundo y con un mensaje muy claro, si quieres estar triste, estate triste. Pero quizá le falte un matiz, el matiz de que suele ser más fácil estar triste y compungido escuchando a Alex Ubago y comiendo chuches que mantenerse en un estado… vamos a llamarlo… alegre. Precisamente esa facilidad hace que caigamos en el error de sentirnos cómodos en la pesadumbre, es muy fácil, es cuesta abajo.

    Así que si quieres entrar en esa Universidad para llorar, morder, gritar o lamentarte, hazlo pero no se te olvide salir más pronto que tarde.

    Un Saludete!!

    1. Totalmente acuerdo Rodrigo, había pensado en añadir esa puntuación pero al final la obvié porque no quería caer en el cliché. Pero, por supuesto, también hay que entrar en la Universidad de la Felicidad que menciono en el texto, porque los extremos nunca son buenos.

      ¡Un abrazo!

  3. Hace un tiempo, mientras iba en el bus (normalmente sitio de inspiración), pensé en lo curioso que es el lenguaje. Se puede decir: Que feliz soy o que feliz estoy. Porque puedes serlo o puedes estarlo, o ambas. Pero no se dice Que triste soy. Como si las personas no pudiéramos ser tristes, solo pudiéramos estarlo. Como si no se nos permitiera. Y como dice tu texto, es necesario. A veces es necesario llorar todo lo que no hemos llorado, sentir todo lo que no nos hemos dejado sentir, limpiarnos por dentro al igual que hacemos por fuera.
    Dejémonos ser tristes, quizás ahí esté la clave de la felicidad.

  4. Muy muy cierto! Me encanta leerte y reflexionar contigo. Junto con el Blog de Poesía cotidiana (www.sigueleyendo.blog) sois de mis favoritos!

    gracias y gracias!

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